Subrogar una hipoteca significa cambiarla de banco manteniendo la deuda: el banco nuevo paga al antiguo el capital que aún debes, y a partir de ahí pagas tus cuotas al banco nuevo, normalmente con un tipo de interés más bajo y menos comisiones. No es contratar una hipoteca nueva ni cancelar la anterior: es trasladar la existente a una entidad que te ofrezca mejores condiciones.

Esta operación tiene sentido cuando se cumple al menos una de estas tres condiciones:

  1. Tu TIN actual es superior al 3 % y los bancos competidores ofrecen ofertas en torno al 2,3-2,7 % (situación habitual en 2026 para hipotecas firmadas antes de 2024).
  2. Tu hipoteca tiene comisiones que ya no te aportan (vinculación con seguros, planes, cuentas), y un banco competidor te ofrece equivalente sin esas vinculaciones.
  3. Te queda un saldo pendiente significativo (más de 50.000 €) y un plazo restante de al menos 8-10 años, donde el ahorro de intereses compensa los gastos del proceso.

Si tu hipoteca tiene un TIN inferior al 2 % o te quedan menos de 5 años, la subrogación rara vez compensa. En ese caso suele ser mejor estudiar amortizaciones parciales en lugar de cambiar de banco.